A pesar del título de esta entrada no estoy hablando del tigre de Paraná, (ya me gustaría a mi estaros ahora contando un relato de pesca por aguas sudamericanas en busca de este gran depredador....) si no que me refiero a las bonitas y doradas carpas gallegas.
El domingo pasado volví a madrugar para ir en busca de estas colosas de los embalses Orensanos. Entre tinieblas iba transcurriendo el viaje de ida.
Al llegar me encuentro con esta bonita estampa que no puedo dejar de fotografiar. Para mi sorpresa, el nivel de agua era muy inferior a la anterior jornada, y las dudas sobre el éxito con la pesca me empezaron a surgir.
No se apreciaba actividad hasta que por fin veo alguna de nuestras amigas patrullando por las orillas.
Realizo la maniobra de aproximación más que sigilosa, presento la ninfa y....bang!!!...ya tengo la primera del día.
Es verdaderamente preciosa, con un color dorado impresionante, el tamaño no es nada del otro mundo para lo que hay por aquí, pero aún así vendió cara su derrota.
Aquí me tenéis sujetando a la protagonista entre mis manos, ésta a pesar de no ser de gran tamaño era verdaderamente bonita y merecía una foto en condiciones.
Continuamos con la acción, y poco después logré enganchar un par de ellas más pero lograron escapar sin dar la cara, la segunda era verdaderamente enorme, lástima, ya caerá....jejejejeeee....
Poco después consigo quitar otra, ésta un poco mejor de tamaño que la anterior, yo calculo que de cuatro a cinco kilitos aproximadamente, después, como por arte de magia se esfumaron y las pocas que aparecían hacían caso omiso a todas las artificiales que le presentaba.
En vista del éxito, decido cambiar de estrategia e ir a por los basses. Empiezo poniendo una imitación de libélula adulta ya que se veían bastantes sobrevolando el agua y probé haber que pasaba...., y nada, no pasó nada, está claro que tenían ganas de rock and roll, así que puse un popper y la cosa cambió, vaya si cambió...
Empezaron a caer en el engaño, uno tras otro, eso si no eran demasiado grandes pero sin lugar a dudas con estos señuelos de superficie se disfruta muchísimo viendo los ataques asesinos que provocan entre los centrárquidos.
De todas formas alguno decentillo llegó a caer...
Este andaría cerca del kilo de peso y dio mucha pero que mucha guerra para sacarlo, es una verdadera gozada ver como luchan estos peces en su intento de librarse del engaño.
Después dí por finalizada la entretenida jornada en aguas orensanas para regresar a casa, esta vez no entre tinieblas, sino bajo un sol abrasador.