Este fin de semana puede escaparme y volver a tentar a las carpas a mosca, que era una de mis asignaturas pendientes. Después de un par de tentativas infructíferas, llegó el día del estreno.
Llegué a la zona muy temprano, el lugar elegido fue una bonita récula que ya había visitado la temporada pasada en compañía de Jose. (para ver el relato pulsa aquí)
Como podéis ver el sitio es impresionante, e impresiona todavía aún más cuando ves la cantidad de carpas verdaderamente enormes que lo visitan. Nada más llegar me acerqué a la orilla para hacer un reconocimiento previo antes de cambiarme y preparar todos los bártulos de pesca. Conforme me iba acercando empezaba a ver los monstruos que por allí andaban y que mostraban cierta actividad hociqueando por el fondo. Es difícil expresar con palabras el subidón de adrenalina que se vive en ese momento, y sin duda solo si eres pescador se puede entender.
Rápidamente me apresuré, y preparé el equipo, esta vez una caña del nº 8, que buena falta me iba hacer con los bicharracos que rondaban por la zona, y posteriormente comencé la maniobra de aproximación. Siguiendo los consejos de los grandes pescadores de este tipo de ciprínidos, cuidé al máximo esta faceta, teníais que verme, parecía un indio Apache en busca de su presa.
Lo cierto es que dio resultado, estaba en la orilla y ninguna de las carpas se había percatado de mi presencia.
Llegado a tal punto el problema ahora era decidir a que pez atacaba, a mi izquierda veo una cola en superficie aleteando generando una gran nube de lodo, era mi oportunidad no la podía dejar escapar, presento la ninfa bien lastrada, la dejo bajar al fondo y empiezo a levantar muy despacio hasta que bang!!! una explosión de potencia me sorprende, no me lo podía creer, había enganchado mi primera carpa a mosca...y menuda carpa... Ésto solo había hecho más que empezar ya que el espectáculo se prolongaría varios minutos, la verdad es que no sabría deciros cuántos, en esos momentos se pierde la noción del tiempo y solo hay lugar para el disfrute ante tal estupendo combate.
Un vez rendida la conseguí orillar no sin esfuerzo para inmortalizar el momento con esta foto, después la alcé con los brazos para ponerla en seco y fue ahí cuando pude apreciar la magnitud de la captura.
Pesaba mucho, la verdad no os puedo decir cuanto, ya que con estos bichos es difícil calcular pero su longitud pasaba de los 90 cm y estaba gordísima.
Todavía sin haberme repuesto de la emoción, continué pescando, y poco después ya tenía otra clavada. A ésta no le llegué a ver la cara pero era un verdadero monstruo. Después de una larga pelea en esta ocasión ganó ella, para mi desgracia cuando parecía que le empezaban a flaquear las fuerzas se abrió el anzuelo, un Hanak del nº12. Ahí piqué de inocente al querer apurarla demasiado.
No había tiempo para lamentaciones, cambié la ninfa y puede realizar dos capturas más que si bien no eran del mismo porte que las anteriores, no estaban pero que nada mal. Una de ellas como podéis apreciar en la imagen anterior, tenía una buena herida en la barriga.
Conforme avanzaba la mañana el calor se hacía cada vez más insoportable, y decidí poner final a la jornada hasta la próxima